La adoración del becerro de oro (1633-1634) de Nicolas Poussin
Este cuadro recrea una escena de un pasaje bíblico descrito en Éxodo 30-34, donde se cuenta que Moisés, después de salir de Egipto con el pueblo elegido, acampó en las laderas del Sinaí y fue llamado por Dios para ser instruído en las nuevas leyes. Mientras en la cima del Sinaí Dios le revelaba a Moisés las leyes que debía inculcar a su pueblo (normas acerca del culto, dispoción de altares, inciensos y utensilios para los rituales, así como normas relativas al censo y los tributos a pagar, hasta completar un total de dos tablas escritas por ambas caras), el pueblo -sin noticias de Moisés e intranquilo por su tardanza- exigió a Aarón, el orfebre, un dios a quien adorar; y éste, con la ayuda de las joyas de oro entregadas por todos, las fundió y formó un becerro.
En su tierra de origen, Egipto, era un rasgo típico de su religiosidad el zoomorfismo de dioses o la divinización de animales, así las vacas y toros eran animales sagrados, símbolo de poder y fertilidad, que también eran momificadas: La vaca representaba a la diosa del amor y la alegría, Hathor, generalmente de color blanco, simbolizando pureza. El toro, denominado Apis, era la encarnación del dios Ptah (divinidad creadora del mundo, también patrono de orfebres y escultores) a menudo representado como un hombre con cuernos que lleva sobre la cabeza un disco solar. El disco solar, Aton o Aten, representa al sol, una divinidad que no tiene imagen personificada, considerada creadora del universo, con aspectos femeninos y masculinos a la vez. Y de la que posteriormente deriva el dios Ra o Re(el sol) que es la divinidad más importante, de quien desciende la figura del faraon, y se representa también como un hombre con cabeza de carnero y un disco solar entre los cuernos ( así más tarde el carnero de Amón o Amón-Ra).
Así que, cuando Moisés baja del Sinaí portando las dos tablas con todas las leyes dictadas por Dios, se encuentra la escena que vemos en el cuadro: El pueblo elegido festeja y danza alegre adorando al becerro. Moisés entonces, lleno de ira, tira las tablas sagradas que se rompen en pedazos (Éx.32:19), termina de inmediato con la celebración y como castigo, primero destruye el carnero y hace que todos beban de él, mezclando el oro con el agua; y después, convoca a aquellos hombres armados que son fieles a la palabra de Dios y les ordena que maten a sus hermanos y amigos, cosa que efectivamente cumplen obedientes (Éx.32:28).

Moisés (1513-1515), de Miguel Ángel, cornuta esset facies sua
Entonces Moisés, que siente nuevamente la llamada de Dios, sube al Sinaí por segunda vez para hablar con Él, quien pospone el castigo a su pueblo, a pesar de que Moisés lo temía inevitable; y le dicta nuevamente las tablas de la ley, en las que incluye esta vez los Diez Mandamientos, y entre ellos el “No matarás”.
Cuando Moisés baja con las nuevas tablas, tras cuarenta días y noches sin comer ni beber, y llega al campamento, nos encontramos con una curiosa ambigüedad: El Moisés esculpido por Miguel Angel tiene cuernos que salen de su cabeza (Éxodo 34:29), porque en el texto hebreo -el más antíguo conservado- la palabra para designar tanto cuerno como rayo de luz es ‘keren‘, y fue traducida por cuernos en la versión latina Vulgata Clementina. Pero, aunque la interpretación varía el significado en ambos sentidos, el episodio en el que Moisés pone a prueba la lealtad de su pueblo ordenándoles una matanza, puede ayudar a equilibrar esa balanza.
Recientemente, el artista británico Damien Hirst subastó en Sotheby’s su particular becerro de oro (The golden calf), un carnero tocado con un disco solar, cuernos y pezuñas de oro, dentro de una urna de formol. Adorar a Damien Hirst también tiene precio, y un anónimo comprador ha pagado 13 millones de Euros por su becerro.
¿Para cúando el Asno de Oro ?


