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El que tenga una doctrina que se la coma, antes de que se la coma el templo (León Felipe)

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Abril 13th, 2009 · No Comments

“El aprendizaje verdadero tiene que ver con descubrir la verdad, no con la imposición de una verdad oficial, esta última opción no conduce al desarrollo de un pensamiento crítico e independiente. La obligación de cualquier maestro es ayudar a sus estudiantes a descubrir la verdad por sí mismos, sin eliminar, por tanto, la información y las ideas que puedan resultar embarazosas para los más ricos y poderosos: los que crean, diseñan e imponen la política escolar. […] 

“En el transcurso de la historia, las clases mejor formadas han respaldado mayoritariamente a los aparatos propagandísticos y, cuando se minimizan o se eliminan las desviaciones de la pureza doctrinal, la maquinaria de la propaganda suele lograr éxitos apabullantes. […] hasta el día de hoy, tanto las sociedades abiertas como las cerradas han procurado y recompensado la complicidad de la clase instruida.

Esta clase instruida ha sido considerada una ‘clase especializada’, ya que es un grupo reducido de personas que analizan, ejecutan, toman las decisiones y mueven los hilos del sistema político, económico e ideológico. Esta clase especializada suele representar un porcentaje ínfimo de la población, que tiene que recibir protección frente a la gran masa (a la que Walter Lipmann dio el nombre de ‘rebaño desconcertado’). Es una clase que desarrolla las ‘funciones ejecutivas’, lo que significa que realizan la función de examinar, planear y establecer el ‘interés común’ (ahora bien, con esta fórmula se refieren a los intereses de la clase de hombres de negocios).

A la gran mayoría de la población, esto es al ‘rebaño desconcertado’, le corresponde en nuestra democracia el rol de ‘espectadores’, no el de ‘participantes en la acción’ […]. En nuestra democracia, cada cierto tiempo los miembros del ‘rebaño’ tienen la posibilidad de participar en la aprobación de uno u otro líder, mediante un proceso conocido como ‘elecciones’.

Cuando el ‘rebaño desconcertado’ intenta ampliar su papel como mero espectador, cuando la gente intenta participar en la acción democrática, la clase especializada reacciona en contra de lo que se pasa a denominar una ‘crisis de la democracia’. […]

Una de las posibles maneras de mantener el control sobre el ‘rebaño desconcertado’ es adoptar la concepción de escuela que hemos visto antes: las escuelas son las instituciones responsables del adoctrinamiento de los jóvenes (sistemas de control, socialización y coerción). Los que asimilen mejor estos valores en la ideología dominante y demuestren su lealtad al sistema doctrinal podrán, a la postre, entrar a formar parte de la clase especializada.

El resto de la población, por el contrario , ha de ser mantenido a raya, de forma que no creen problemas, sean simples espectadores de la acción y no reflexionen sobre aquellos aspectos de la realidad que son de veras importantes. […] Con miras a ‘proteger’ al rebaño desconcertado de sí mismo y sus concepciones erróneas, las clases especializadas de las sociedades abiertas deben girar la vista sobre todo hacia las técnicas de propaganda, denominadas eufemísticamente [en nuestras sociedades democráticas] ‘relaciones públicas’. […] En esta tarea de control de opinión, la clase instruida resulta indispensable, y la escuela desarrolla una función crucial.”

[Noam Chomsky, La (des-)educación, Ed. Crítica, Barcelona, 2007]

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Susan George: “…reflexionando sobre los motivos para elegir nuestra profesión [académicos], según lo entiendo yo, son los siguientes:

En primer lugar, la búsqueda de la verdad, dentro de nuestras posibilidades. En segundo lugar, la búsqueda del conocimiento y de las técnicas necesarias para articularlo ante los demás. En tercer lugar, la aspiración de entender la compleja realidad del mundo en que vivimos. Y, por último, para algunos de nosotros, la ambición de cambiar la realidad utilizando las herramientas académicas.

Mientras que la mayoría de los académicos estarán de acuerdo, según creo, con los tres primeros objetivos, algunos podrían poner reparos a la idea de que tengamos una responsabilidad especial en intentar cambiar la política y la sociedad. […] 

En los Estados Unidos de hoy día, las fuerzas de extrema derecha están animando a los estudiantes a vigilar a los profesores que consideran demasiado izquierdistas, para que informen de lo que cuentan y presionen a la jerarquía universitaria para que los silencien. Una lista llamada “The Dirty Thirty” (los treinta despreciables) y un popular libro llamado: “The 101 Most Dangerous Academics in America” (los ciento un académicos más peligrosos de América) nos traen recuerdos del macarthismo, uno de los peores periodos de la historia norteamericana del siglo XX. 

Los jóvenes profesores que no poseen plaza en titularidad deben tener mucho cuidado con lo que dicen en clase. Muchos profesores universitarios admiten que estas iniciativas han creado un clima de autocensura que puede ser muy efectivo para silenciar opiniones impopulares o minoritarias. No necesito recordar que las fuerzas del oscurantismo, a menudo religiosas, también están funcionando en Europa.

Una de sus primeras manifestaciones fue el intento de acallar a Salman Rushdie, pero se han producido muchos signos inquietantes desde entonces, algunos aparentemente triviales, como el asunto de las caricaturas danesas de Mahoma, y otros trágicos como la muerte de Theo van Gogh. Como españoles sabéis bien lo que quiero decir; habéis tenido suficiente experiencia histórica con la eliminación de los disconformes, por parte de la Iglesia o del Estado.

Parece extraordinario que en el siglo XXI, doscientos cincuenta años después de Voltaire, los europeos deban continuar luchando en esta particular guerra. Voltaire lo expresó perfectamente cuando dijo: “Estoy en completo desacuerdo con vuestras ideas, pero estoy dispuesto a defender con mi vida vuestro derecho a expresarlas”. Lo primero debe ser la oposición a puntos de vista odiosos, seguida inmediatamente por la defensa de la libre expresión. Naturalmente, esto no significa que uno pueda decir cualquier cosa en cualquier momento. […] 

He intentado hacer esto con mi trabajo, en primer lugar cuando decidí estudiar ante todo a los ricos y poderosos, en vez de a los pobres e indefensos. Es mucho más sencillo estudiar a los pobres, que no pueden protegerse del escrutinio y apenas pueden elegir al respecto. Por el contrario, cuanto más rico y poderoso es un gobierno, una institución o una clase social, mayor será su capacidad para evitar ser analizado y ocultar la información que no desea que se haga pública o se debata. Junto con el secretismo y la opacidad se encuentra la capacidad correspondiente para engañar, para utilizar mentiras y hacer creer que es verdad lo que no es otra cosa que ideología enmascarada. 

La investigación que estoy realizando en la actualidad sobre la derecha política estadounidense muestra que, si se tiene un objetivo claro y mucho dinero, es posible transformar por completo el clima ideológico de una nación, tal vez del mundo. Unas cuantas fundaciones norteamericanas ultraconservadoras han gastado bastante más de mil millones de dólares durante las últimas décadas con este objetivo específico. Han apoyado a determinados estudiosos neoliberales, centros de investigación, cátedras universitarias, publicaciones académicas y populares, medios audiovisuales, organizaciones de defensa de intereses, etc., para difundir la ideología neoliberal. Y lo mismo están haciendo en Europa y por todo el mundo. […] 

Puede resultar tentador situar los propios trabajos dentro del paradigma dominante en lugar de desafiarlo. Los estudiosos disidentes saben desde el principio que sus investigaciones van a ser incompletas. Si decides estudiar a los ricos y poderosos, tendrás suerte si llegas a descubrir, al menos, una fracción de la verdad. Si tu trabajo tiene algún valor, será combatido por aquellos a quienes deja en mal lugar. Deberás ser extremadamente cuidadoso, pues si cometes algún error, aquellos a quienes investigas te denunciarán. No serás invitado a conferencias refinadas, ni llegarás a asesorar a las instituciones que pueden permitirse pagar cantidades importantes. Por el contrario, te solicitarán que ofrezcas tu tiempo de forma gratuita a causas nobles pero pobres, y escribirás y hablarás en muchas ocasiones sin ninguna compensación económica.

[…] …creo que las fuerzas de la riqueza, el poder y el control se encuentran invariablemente en la base de cualquier problema de economía social y política. La tarea del científico social responsable es, en primer lugar, desvelar esas fuerzas; en segundo lugar escribir con claridad sobre ellas, olvidando los prejuicios, con el fin de que las personas corrientes tengan instrumentos adecuados para la acción; y, por último –reconociendo que la neutralidad académica es una ilusión– adoptar una posición de defensa de los desfavorecidos, los desamparados, las víctimas de la injusticia. En mi opinión, los instrumentos académicos han de servir a esta causa y en ese sentido he intentado orientar mi propio trabajo. 

Como la injusticia es una característica recurrente en los asuntos humanos, los estudiosos que compartan esta creencia nunca estarán faltos de trabajo. Además, produce una gran satisfacción llevarlo a cabo. Por la historia sabemos que hemos servido de ayuda, que podemos continuar contribuyendo a situar determinados temas en la agenda, a estimular el debate y, en ocasiones, a facilitar la resolución de cuestiones cruciales.Cada vez tenemos más aliados.”

[Fragmento del discurso leído con motivo de su investidura como Doctora Honoris Causa por la UNED, 2007] >>>leer discurso completo en castellano //  inglés

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