La policía chilena gasea a los estudiantes en los institutos de secundaria, mientras el presidente de la nación (Sebastián Piñera) se justifica con falacias. “En la vida nada es gratis”, es su argumento para defender la privatización de la enseñanza. Sin embargo, no siempre fue así y no tiene por qué serlo. En la Edad Media, en el s XIII, cuando las ’scholae’ evolucionan y surgen las universidades (Bolonia y París entre las más importantes), ello supone una apertura de la enseñanza a maestros y estudiantes de todas las clases sociales. Las universidades acogen a los hijos de los pobres, a campesinos, artesanos o nobles, con privilegios como la exención de las tasas académicas y el alojamiento gratuito. La nobleza (o gentileza) no estaba representada por una clase social de origen, sino por la cultura adquirida. Así diría Boccaccio que “es gentil quien ha estudiado largo tiempo en París, no para vender después su ciencia al menudeo, como hacen muchos, sino para saber la razón de las cosas y su causa” (Reale/Antiseri).
Lo mismo se podría argumentar contra el Plan Bolonia.

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